Cáncer y nutrición: importancia en la prevención de la enfermedad

03/02/2020 cáncer y nutrición Foto de Spencer Davis en Unsplash

El Dr. Salvador Macip, profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud y experto en envejecimiento y cáncer, apunta los principales factores evitables que influyen en la frecuencia de padecer cáncer y aquellos aspectos de la nutrición que pueden ayudar en la prevención.

El cáncer es uno de los principales problemas de salud de las sociedades modernas. Su incidencia aumenta progresivamente, no sólo por el hecho de que los ciudadanos de los países desarrollados cada vez tienen una esperanza de vida más larga, sino también porque la favorecen una serie de hábitos nocivos que hemos incorporado a nuestras vidas.

Los detonantes del cáncer son sobre todo externos, un grupo muy diverso de elementos capaces de producir mutaciones en el ADN de nuestras células. Podemos hacer poco para cambiar el hecho de que, cuanto más vivimos, más se incrementa la posibilidad de sufrir estas mutaciones. Pero sí podemos actuar a otros niveles, tratando de minimizar la exposición a los factores de riesgo conocidos, para que la estrategia más eficaz para controlar el cáncer es la prevención.

Evitar el que sabemos que da cáncer tiene un impacto mucho más importante en la esperanza de vida de una persona que cualquier tratamiento que podamos aplicar una vez ha aparecido la enfermedad. Por desgracia, esto no siempre es posible: muchos de estos elementos nocivos están fuera de nuestro control. Pero hay unos cuantos que no, y la influencia que tienen en la salud global de la población es más importante de lo que pensamos.

Conscientes de esta realidad, los gobiernos están invirtiendo cada vez más recursos y esfuerzos en el campo de la prevención, tan esencial para la salud planetaria del siglo XXI. Las campañas contra el tabaco de los últimos años son un buen ejemplo: el tabaco es, de largo, la causa evitable más importante que conocemos (entre un 50 y un 70% de los fumadores acaban desarrollando un cáncer). Pero hay otras intervenciones que también podrían tener un efecto preventivo importante. En este artículo nos centraremos en las relacionadas con los estilos de vida, y sobre todo en el cáncer y nutrición.

La obesidad como factor de riesgo

Ya en los años ochenta del siglo XX se había propuesto que 35% de los cánceres estaban relacionados con lo que comemos, sobre todo con el exceso de peso crónico. Con los datos que tenemos actualmente, se cree que Duno de cada cuatro cánceres aparece por culpa de los hábitos sedentarios y la epidemia de obesidad de la población occidentalD. El porcentaje es aún más elevado si consideramos sólo algunos tipos concretos, como el de endometrio o el de esófago. Se está viendo que los cánceres en los que la obesidad influye son cada vez más frecuentes en gente joven, precisamente porque las nuevas generaciones tienen peores hábitos alimentarios. Se cree que uno de cada tres de los cánceres más importantes (colon, mama y útero), aparte de los de esófago y de riñón, se podría evitar si controláramos el peso.

Inicialmente se creía que este vínculo entre obesidad y cáncer era culpa de los carcinógenos que pueda haber en la comida. Pero la hipótesis de que está ganando más fuerza actualmente es el hormonal. Las personas obesas fabrican más cantidad de insulina, la hormona que se encarga de mantener estables los niveles de azúcar en la sangre y que regula también el metabolismo de la grasa. Esto ocurre porque las células se vuelven insensibles, y por tanto el cuerpo responde produciendo más. Precisamente esto crearía un entorno que favorecería el crecimiento de las células malignas. Entre otras cosas, la insulina permitiría que las células cancerosas consumir más glucosa, que es justo lo que necesitan para sostener su metabolismo peculiar.

Aparte de reducir globalmente la cantidad de calorías que ingerimos para mantener un peso saludable, también es importante limitar el consumo de ciertos alimentos y potenciar otros. Las recomendaciones actuales son comer frutas y verduras y reducir carnes y grasas, además de huir de los alimentos procesados ​​y comida rápida en general. Básicamente, lo que hace falta es seguir una dieta variada y sin los excesos habituales que hacemos con los alimentos menos sanos.

Por otra parte, el alcohol es otra sustancia que se ha relacionado directamente con el cáncer. Después de ingerir el cuerpo lo procesa y lo convierte en un tóxico llamado acetaldehído (el principal responsable de las resacas), que puede afectar al ADN. Así pues, habría que tomarlo con mucha moderación. La gente que fuma, además, debe tener presente que el alcohol facilita que las células de la boca y el cuello absorban los tóxicos que lleva el tabaco, lo que incrementa las lesiones que pueden terminar en cáncer. Es importante recordar que, aunque se ha dicho que el vino tinto en moderación podría ser bueno previniendo otras enfermedades, los excesos de alcohol siguen siendo un factor de riesgo a tener en cuenta.

La importancia del ejercicio

También se sabe que el ejercicio puede tener un efecto preventivo importante en el cáncer, y no sólo por ser una de las maneras de mantener un peso saludable. Por ejemplo, caminar tres cuartos de hora cinco o seis días por semana reduce un 25% el riesgo de cáncer de mama, según varios estudios. Esto puede aumentar hasta el 40% si hacemos algún tipo de esfuerzo moderado entre tres y cuatro horas por semana. Parece que son sobre todo el cáncer de colon, mama, y ​​útero los que más se podrían reducir con el ejercicio. La recomendación para evitar el sedentarismo y sus consecuencias es hacer unos 150 minutos a la semana de ejercicio aeróbico moderado (cinco sesiones de media hora, por ejemplo), lo que en los países desarrollados sólo uno de cada cinco adultos cumple.

Caminar tres cuartos de hora cinco o seis días por semana reduce un 25% el riesgo de cáncer de mama, según varios estudios

Hay varias razones biológicas que podrían explicar los efectos que tiene el ejercicio sobre las células malignas. Para empezar, es posible que incremente la actividad del sistema inmunitario y reduzca la inflamación, dos factores muy relacionados con el proceso de formación y evolución del cáncer. Además, hace bajar los niveles de insulina, que hemos dicho que contribuye al crecimiento del cáncer.

La dieta como prevención

El campo de la prevención nutricional del cáncer es muy prometedor, pero todavía está en fases iniciales. En el laboratorio se han identificado un montón sustancias que afectan a las células cancerosas. Relacionado con los efectos beneficiosos del vino tinto que mencionábamos antes, por ejemplo, se ha propuesto que el responsable es una sustancia llamada resveratrol. El té verde contiene ciertas flavina que también atacan las células malignas. El arroz también tiene un compuesto con posibilidades, la tricina y algunas especies indias usadas en el curry tienen curcumina, que es otro buen candidato como protector.

Todas estas sustancias naturales, una vez extraídas del alimento que las contiene, se ha visto que matan o detienen el crecimiento de las células cancerosas. Y experimentos con ratones han demostrado que evitan que los animales desarrollen tumores. Pero es importante recordar que, de momento, no tenemos datos suficientes para saber si ninguno de ellos funcionará igual en humanos.

de momento no se puede recomendar tomar más té verde o más arroz como medida preventiva (…) Podría ser que hubiera que tomar diez litros de té al día para conseguir que llegaran a las células las cantidades adecuadas de las sustancias protectoras

Así pues, de momento no se puede recomendar tomar más té verde o más arroz como medida preventiva. Lo que pasa en el entorno controlado de un laboratorio o un animal de investigación no se puede trasladar directamente a la complejidad del cuerpo humano. Además, todavía hay que resolver muchos interrogantes. ¿Qué dosis de estas sustancias hay que dar para que tengan un efecto medible? ¿Durante cuánto tiempo? Podría ser que hubiera que tomar diez litros de té al día para conseguir que llegaran a las células las cantidades adecuadas de las sustancias protectoras, por ejemplo. O quizás no llegarían nunca, porque el cuerpo las eliminaría antes.

Algo similar ocurre con los suplementos de vitaminas que a veces se venden para protegernos del cáncer y otras enfermedades. En principio, dar una vitamina sólo es útil si tenemos un déficit. Una persona sana, que sigue una dieta variada y sin restricciones en cuanto a verduras y frutas, normalmente tendrá cantidades suficientes de todas las vitaminas necesarias, así que tomar más no servirá de mucho, porque el exceso normalmente se elimina del cuerpo. En algunos casos, incluso un exceso de ciertas vitaminas (las que son más difíciles de eliminar) puede darnos problemas de salud.

salvador macip nutrición cáncer
Salvador Macip

Es cierto que se ha propuesto que una falta de vitamina D podría aumentar el riesgo de padecer un cáncer. Esto se basa en unos estudios que demuestran una correlación entre la incidencia de cáncer y la reducción en la exposición al sol (la vitamina D se fabrica en nuestro organismo gracias a los rayos ultravioletas del sol). Sería importante, pues, que los poblaciones que tienen déficit tomaran suplementos de vitamina D. Hay que decir que esto no suele ser un problema en nuestras latitudes, ya que la mayoría de gente mantiene unos niveles de vitamina D saludables simplemente con la exposición normal al sol.

El tratamiento con antioxidantes puede simplemente no ser lo suficientemente potente como para afectar el balance o, en el peor de los casos, puede desequilibrarse de una manera hacia el otro lado

También se ha hablado mucho de los antioxidantes. Se ha dicho que tomar sustancias antioxidantes para contrarrestar el desgaste inevitable que causan los radicales de oxígeno debería evitar el cáncer. Una de las consecuencias de este desgaste es el daño al ADN, que podía llevar a las mutaciones que promueven el cáncer. Se ha visto que algunos alimentos son de forma natural muy ricos en antioxidantes, por ejemplo en el té, el vino tinto, el café, el chocolate y en frutas y verduras. Los alimentos con más cantidad de antioxidantes son ciertas legumbres y las frutas del bosque. Las vitaminas E y C, de hecho, son antioxidantes potentes, y hay muchos alimentos que los contienen. Además, los antioxidantes se usan para preservar la comida, así que los encontramos a menudo como aditivos. Aparte, hay innumerables suplementos dietéticos con propiedades antioxidantes.

En el laboratorio, se ha visto que los antioxidantes pueden frenar las células malignas. Pero a pesar de que hace décadas que se está investigando sobre el tema, aún no se ha confirmado que los antioxidantes sean útiles en la prevención del cáncer. Los oxidantes que se generan en el cuerpo son un problema diario que nuestras células tienen que solucionar, por eso han desarrollando un sistema muy perfecto para controlarlos. El tratamiento con antioxidantes puede simplemente no ser lo suficientemente potente como para afectar el balance o, en el peor de los casos, puede desequilibrarse de una manera hacia el otro lado. Más aún: algunos mecanismos de defensa contra el cáncer usan precisamente oxidantes para realizar sus funciones. Usar antioxidantes podría inhibir sin querer mecanismos esenciales de la protección propia de nuestras células. Del mismo modo, muchos quimioterápicos (e incluso la radioterapia) aumentan los oxidantes dentro de las células malignas para matarlas, por eso los antioxidantes pueden interferir con los tratamientos. Así pues, tomar antioxidantes no es en principio recomendable para personas sanas.

Cáncer y nutrición, un binomio que puede sumar

En estos momentos, no hay ninguna intervención ni ningún producto que sepamos con certeza que puede evitar la aparición de un cáncer. Es necesario tener presente que el cáncer no se puede prevenir totalmente (ni mucho menos curar) con ningún tipo de dieta. Pero sí es cierto que hay cambios relacionados con la nutrición que pueden ayudar. Esto está relacionado con los principales factores evitables que influyen en la frecuencia de padecer cáncer, que podrían resumirse en la siguiente lista:

  • El tabaco.
  • La obesidad (un índice de masa corporal por encima de 25 Kg / m2).
  • Una dieta pobre en frutas y verduras.
  • El alcohol.
  • Ciertos trabajos.
  • La radiación, incluyendo la ultravioleta (del sol o las máquinas de rayos UVA).
  • Infecciones (por ejemplo VPH y hepatitis).
  • Una dieta rica en carne roja y procesada.
  • Contaminación ambiental.
  • Una dieta baja en fibra (menos de 23 gramos al día).
  • Llevar una vida sedentaria (menos de 150 minutos a la semana de actividad moderada).
  • Dar el pecho durante menos de seis meses cuando se tiene un hijo.
  • Una dieta rica en sal (más de seis gramos al día, que se ha visto que aumenta el riesgo de cáncer de estómago).
  • Tratamientos hormonales.

Siete recomendaciones para mejorar los hábitos actuales

Siguiendo la lista anterior, y centrándonos solo en las acciones al alcance de todo el mundo que pueden tener un impacto en disminuir las posibilidades de sufrir cáncer, las autoridades sanitarias han acordado siete recomendaciones para mejorar los hábitos actuales, relacionadas sobre todo con la dieta y el ejercicio. Son las siguientes:

  1. No fumar.
  2. Tomar el sol con moderación y con la protección adecuada.
  3. Realizar una actividad física moderada de forma rutinaria.
  4. Mantener grasa corporal al mínimo, dentro del rango «normal» de peso que corresponde a nuestra complexión.
  5. Limitar el consumo de alimentos muy ricos en calorías, comidas procesadas y bebidas azucaradas.
  6. Hacer una dieta rica en vegetales y fruta.
  7. Limitar el consumo de carne roja y carnes procesadas.

Insistimos una vez más que, aunque seguimos estas instrucciones al pie de la letra, el riesgo de sufrir un cáncer nunca será cero. Pero si todos tuviéramos presentes estas recomendaciones, el número de cánceres que se ven en el mundo cada año se reduciría de forma drástica. El reto ahora es conseguir que todo el mundo conozca y siga estas indicaciones, para que, entre todos, conseguimos y mejorar así este aspecto tan importante de la salud planetaria.

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