¿Cómo afecta el estrés a la salud?

12/07/2019 Photo by Pedro Figueras from Pexels
El Dr. Diego Redolar, neurocientífico y profesor de neurociencia de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)  explica cómo el estrés no solo afecta a nuestra salud sino también a nuestras capacidades cognitivas.

La medicina ha avanzado a pasos agigantados y el concepto de enfermedad ha cambiado en los últimos años. Actualmente podemos decir que las patologías más frecuentes en nuestra sociedad son aquellas que generan un daño acumulativo e interrumpido, como las enfermedades neurodegenerativas y cerebrovasculares, la obesidad, la diabetes, las patologías cardíacas y el cáncer. El efecto que este tipo de enfermedades puede tener sobre la persona depende de diferentes factores, como la genética, la bioquímica y la fisiología de la persona, e incluso de los patrones de personalidad que muestre y de cómo es capaz de afrontar el estrés emocional y social.

Vamos a ver el papel del estrés en el grado de vulnerabilidad a la enfermedad. Por ejemplo, al inicio de la respuesta de estrés, tener los niveles adecuados de la hormona de crecimiento (GH) es adaptativo, dado que ayuda a movilizar la energía sin potenciar el crecimiento y los procesos de recuperación tisular a largo plazo . Sin embargo, cuando el agente estresante perdura en el tiempo, los niveles de la GH merman de manera contundente, y el crecimiento se puede ver afectado. Un ejemplo de ello es un estudio llevado a cabo en dos orfanatos estatales alemanes tras la Segunda Guerra Mundial, que demostró que los niños cuidados con afecto tenían un índice de crecimiento muy superior que el de los niños que no recibieron. Este estudio nos muestra que la atención que un niño recibe es importante para su desarrollo normal. Varios trabajos con ratas y otros animales han demostrado que la privación maternal provoca modificaciones a largo plazo en los animales: ante la presencia de un agente estresante liberan más cantidad de glucocorticoides que otros animales y presentan una peor recuperación cuando el agente estresante ha desaparecido. Además, un estudio de 2003 demostró que el aislamiento social llevado a cabo en crías de rata disminuía el nacimiento de nuevas neuronas.

¿Qué sucede con nuestro sistema de defensa?

En los primeros momentos de la respuesta de estrés muchos de los componentes del sistema inmunitario se ven reforzados, en especial aquellos que participan en la inmunidad innata. Parece tener mucho sentido que en situaciones agudas de estrés reforzamos inicialmente la inmunidad innata. Se trata de una respuesta muy rápida e inespecífica a la lesión del tejido, mediante la que se incrementa la circulación sanguínea, se produce una respuesta inflamatoria y se intentan destruir los posibles patógenos. Con esta respuesta podemos frenar el acceso de un patógeno en el organismo y erradicarlo o impedir que se desarrolle en los tejidos invadidos. En una situación de emergencia aumentan las probabilidades de que sufrimos una lesión y que los microorganismos penetren en el cuerpo.

En el caso del gladiador (que explicamos en la primera entrada sobre estrés) es obvio, pero no lo es en el caso de Óscar y de su preocupación por la hipoteca. Si el estrés se prolonga durante más tiempo, el sistema inmunitario se suprime y se vuelve a unos niveles normales de respuesta, y de esta manera se evita que haya un exceso de reactividad de este sistema que pueda llevarnos a una enfermedad autoinmune, es decir, que el sistema sea tan reactivo que pueda llegar a atacar nuestras propias células. Supongamos que unos manifestantes inician una protesta pacífica y se concentran en un determinado lugar. Para evitar problemas, las autoridades envían varias unidades de policía en la concentración. La marcha transcurre sin problemas y los efectivos de la policía únicamente controlan que no haya ningún tipo de alteración del orden público. Pero si en lugar de enviar algunas unidades, las autoridades deciden enviar un fuerte dispositivo policial, que rodee la multitud, es probable que los ánimos se crispen, que haya un enfrentamiento y que incluso se llegue a hacer uso de las armas. Con el sistema inmunitario puede suceder algo parecido. Si potenciamos la función inmune muy por encima de la línea basal de respuesta, puede pasar que células y sustancias que en condiciones normales protegerían a las células del organismo de posibles invasores, en esta situación pongan en marcha un ataque contra algunos de los componentes del propio cuerpo.

Resumiendo, la aparición aguda de un agente estresante favorece la función inmunitaria. Si este agente perdura en el tiempo, se ponen en marcha mecanismos que deprimen el sistema inmunitario para dejar su funcionalidad a niveles basales y, de este modo, evitar la autoinmunidad. Por otra parte, si la aparición del agente estresante se cronifica, entonces nuestro sistema inmunitario se deprime y resto por debajo de lo que sería su respuesta normal, y esto aumenta el riesgo de enfermar.

¿El estrés puede afectar a las capacidades cognitivas?

Photo by Markus Spiske temporausch.com from PexelsHemos visto anteriormente que los efectos del estrés dependen de su magnitud y de su duración. Ciertos niveles de estrés en momentos puntuales (tal como acabamos de ver) pueden facilitar los procesos de aprendizaje y memoria. Sin embargo, si aumentamos la duración y la magnitud del estrés, este puede ocasionar modificaciones en los mecanismos de plasticidad sináptica, cambios morfológicos en el cerebro e incluso la muerte celular y la supresión del nacimiento de nuevas neuronas.

En definitiva, la respuesta de estrés, por lo tanto, tiene un alto valor adaptativo, ya que genera cambios en el organismo con el fin de facilitar el enfrentamiento de una situación de amenaza, pero también puede repercutir sobre el rendimiento de la persona y su estado general de salud. Un exceso de estrés aumenta el riesgo de sufrir hipertensión y otras enfermedades cardiovasculares, diabetes, osteoporosis, descenso del deseo sexual y alteraciones reproductivas, supresión del sistema inmunitario, alteraciones amnésicas, etcétera. Para que el estrés tenga consecuencias negativas sobre la salud, la experiencia deberá ser percibida como aversiva. Dicho de otro modo: si el sujeto pudiera, evitaría la situación, o la atenuaría. Hay que tener presente que la falta de previsión y de control es el primero que normalmente se quiere evitar.

 

 

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Sobre el autor

Profesor de neurociencia y psicobiología (bases biológicas del aprendizaje, la memoria, las emociones y el refuerzo) en los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

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