Raquel Viejo-Sobera: “la neuroimagen podría ayudar a entender la salud mental a través del estudio de las conexiones cerebrales”

06/06/2019
El uso de las nuevas técnicas de neuroimagen está revolucionando el estudio del cerebro. En esta entrevista, la  neuropsicóloga Raquel Viejo-Sobera nos explica que la neuroimagen no solo está ayudando a conocer mejor el funcionamiento cerebral  si no que además podría ayudar a cambiar el diagnóstico y el tratamiento de los trastornos mentales.

Hemos entrevistado a la Dra. Raquel Viejo-Sobera, profesora del área de Neuropsicología y Neurociencias de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya e investigadora de Cognitive NeuroLab. Actualmente colabora con el Laboratory for Neuropsychiatry and Neuromodulation del Massachusetts General Hospital (Harvard Medical School, Boston, EE. UU.) y su actividad investigadora está centrada en el estudio de las bases neurales de los procesos cognitivos, sus alteraciones y su recuperación mediante técnicas de neuroimagen y estimulación cerebral no invasiva.

Hace unos meses impartió el HealthyWorkshop: Conectividad funcional en trastornos mentales, organizado por los Estudios de Ciencias de la Salud, y esto es lo que nos ha contado.

¿Qué descubrimientos del funcionamiento cerebral ha permitido la resonancia magnética funcional?

La resonancia magnética funcional (RM funcional o fMRI en inglés) permite ver cómo funciona el cerebro en vivo sin necesidad de realizar una operación quirúrgica para abrir el cráneo del paciente. Podemos ver en tiempo real qué áreas cerebrales se están activando cuando el paciente está hablando o está haciendo una tarea específica, por ejemplo. Esto nos permite saber qué regiones están implicadas en la realización de distintas tareas, y así obtener un “mapa” donde se pueda relacionar qué regiones se encargan de qué funciones. También hemos visto que, aunque haya regiones que se activan más durante una tarea que durante otras, el cerebro funciona como una red y no se activa solo una área sino varias zonas al mismo tiempo. Además, regiones que se activan para una tarea, pueden activarse también para otras. En definitiva, uno de los descubrimientos más importantes del uso de estas técnicas de imagen es comprobar que el cerebro funciona de una manera más compleja de lo que se pensaba. Antiguamente se utilizaban estudios lesionales para ver qué área se encargaba de cada función. Pero había que esperar a que alguien tuviera una lesión en un área cerebral concreta y, una vez que el paciente manifestaba alguna alteración de la conducta, se podía estudiar su estructura cerebral (postmortem o mediante un escáner) y ver cómo se relacionaba la zona lesionada con la conducta que manifestaba. Ahora sabemos que, en realidad, las distintas funciones están relacionadas con redes y no con áreas específicas.


“Las técnicas de resonancia magnética funcional permiten ver en tiempo real qué áreas de cerebro se están activando”


 

enfermedades mentales y neuroimagen
Como explica la neuropsicóloga Raquel Viejo-Sobera, cualquier persona puede sufrir un trastorno mental en su vida en un momento determinado

Desde un punto de vista neurofisiológico, ¿por qué aparecen los trastornos mentales?

En realidad no se sabe por qué aparecen los trastornos mentales. Es un conjunto de factores. Hay muchos desencadenantes que pueden llevar a sufrir una enfermedad mental (componentes de predisposición genética, causas del entorno, de la educación o experiencias vividas), y otros que todavía no se conocen. Pero el entorno, sin duda, es un factor importante. De hecho, podríamos decir que prácticamente cualquier persona puede sufrir un trastorno mental en su vida en un momento determinado, dependiendo de las circunstancias en las que se encuentre, de los recursos a su alcance, las redes de apoyo… Hay un continuum salud-enfermedad que muchas veces no se tiene en cuenta, ya que parece que una persona pasa a padecer una enfermedad mental en el momento en el que recibe un diagnóstico.  Hay trastornos que son más comunes como la depresión y la ansiedad, por supuesto, que otras como la esquizofrenia que la padece solo un 1% de la población. También hay diferentes grados, por ejemplo, algunas personas pueden padecer depresión en un momento de su vida y otras que sufren depresión crónica, y tienen más dificultad para recuperarse.

¿Cómo se puede definir lo que es normal y lo que no lo es en el comportamiento relacionado con los trastornos mentales?

La normalidad, si es que existe, generalmente se entiende en relación a un entorno concreto, una persona que tenga ciertas características de personalidad en un contexto determinado puede parecer una persona totalmente adaptada y ajustada y no serlo en otro. Por ejemplo, puede haber personas con una personalidad muy histriónica que en su entorno parezca “normal” y en una oficina, donde este tipo de comportamientos no son habituales o generan conflictos, se le podría tildar de “loca” porque está totalmente desajustada de su entorno. Depende de la persona, del entorno y de las circunstancias en las que se han desarrollado esas características personales.

¿Cómo podemos desestigmatizar las enfermedades mentales?

Hay muchas cosas que se pueden hacer. Por un lado, el tema de las etiquetas diagnósticas que, en algunos casos, no aportan demasiado. Es más importante hablar de los síntomas y ver qué es lo que esa persona está sufriendo en ese momento que simplemente poner una etiqueta. Porque cuando pones una etiqueta te estás basando en una lista de síntomas y si la persona padece un cierto número de síntomas de X, entonces se le diagnostica con un trastorno o no, pero estos síntomas son muy variados, y a veces son comunes entre distintas patologías o contradictorios entre sí. Yo creo que es más importante prestar atención al síntoma que al diagnóstico. Por otro lado, es imprescindible normalizar los trastornos mentales. Nadie se metería con otra persona porque tiene gripe, por ejemplo, porque se entiende que es algo que te viene de fuera y tú no lo has provocado, pero con trastornos mentales como la depresión se tiene la idea de que es el propio paciente el que se lo provoca o el que no es capaz de salir de ahí porque es débil. También es importante conocerlos, porque si una persona sabe cómo se comporta otra con ciertos trastornos mentales es más fácil normalizarlo y ver que está sufriendo.


“Creo que es más importante prestar atención a los síntomas que al diagnóstico en los trastornos mentales”


¿Cómo pueden ayudar las técnicas de neuroimagen en el diagnóstico de las enfermedades mentales como la depresión, la esquizofrenia, o el trastorno bipolar?

Podría ayudar para encontrar patrones comunes a sintomatología. De hecho, el Instituto de Salud Mental de los Estados Unidos (NIMH, por sus siglas en inglés) está llevando a cabo el proyecto Research Domain Criteria (RDoC), que consiste en clasificar a los pacientes en función de distintos aspectos biopsicosociales (de la sintomatología que presenta, de los factores genéticos, sociales, etc.) hacen agrupaciones de personas que padecen ciertos síntomas en común y esto sí que puede servir para la diagnosis, pero no tanto para la detección tradicional de coger una lista y ver si tiene unos síntomas y clasificarlo en función de estos. Sería hacer un cambio de paradigma donde la neuroimagen podría ayudar en una nueva clasificación de las enfermedades mentales por patrones y no por listas de síntomas.


“Es imprescindible normalizar los trastornos mentales. Nadie se metería con otra persona porque tiene gripe”


¿Podría ayudar también a mejorar el tratamiento?

Si conoces mejor cómo esa persona ha llegado a desarrollar ese trastorno en concreto es más fácil llegar a un tratamiento. Además se está viendo que en función de los biotipos (es decir, una serie de patrones neurales, genéticos y de síntomas que definen un tipo de patología) un tratamiento puede ser más eficaz que otro. El diagnóstico clásico con etiquetas está quedando obsoleto porque, por ejemplo, dentro de la esquizofrenia hay muchas esquizofrenias, muchos cuadros y vivencias distintos, y lo mismo ocurre con la depresión. Esto cambiaría la definición que hay actualmente de las enfermedades mentales. Se pasaría a una clasificación más centrada en el paciente, lo que nos llevaría a la medicina personalizada. Comprobar qué es lo que le ha funcionado a una persona en función de sus características y ver cómo le puede funcionar a otra con las mismas características o estudiar qué hace que en unas personas funcione un tratamiento y no otro.

¿Cómo las imágenes de resonancia magnética funcional y la estimulación transcraneal no invasiva puede aplicar en diferentes enfermedades mentales?

El uso de la estimulación transcraneal no invasiva está aprobada por la FDA para el tratamiento de la depresión resistente a tratamientos farmacológico. Se está innovando y viendo con técnicas de neuroimagen qué nuevos patrones de estimulación se pueden llevar a cabo en función de la conectividad funcional y la sintomatología y ver qué áreas son mejores para estimular. Por otro lado, se está mejorando la eficiencia de los tratamientos, hasta ahora se hacían sesiones de estimulación de media hora y se ha visto que con un protocolo de 3 minutos se obtienen los mismos resultados durante tres o cuatro meses de sesiones.


“El diagnóstico clásico con etiquetas está quedando obsoleto porque dentro de la esquizofrenia hay muchas esquizofrenias y lo mismo ocurre con la depresión”


¿Qué investigación estás llevando a cabo en el Laboratory for Neuropsychology and Neuromodulation del Massachusetts General Hospital?

Estoy estudiando los patrones de conectividad cerebral de distintas áreas que son importantes en depresión, en concreto, regiones que se han utilizado como target para la estimulación cerebral profunda como el núcleo accumbens o la corteza subgenual. Son áreas cuya actividad se encuentra alterada en estos pacientes y no se sabe exactamente por qué en unas personas funciona mejor la estimulación en un área u otra. Además, intentamos relacionar esta información con las experiencias emocionales positivas y negativas de la persona. Queremos ver primero la conectividad de las dos áreas por separado, compararlas y ver qué diferencias hay y en qué áreas se solapan y en cuáles no, y, por otro lado, ver si esto está relacionado con la sintomatología. Por ejemplo, si un determinado patrón de conectividad está más relacionado con sintomatología positiva, entonces los pacientes de este tipo podrían beneficiarse más de la estimulación en un área que en la otra.


“Debería haber más investigación para saber por qué no ha funcionado la estimulación cerebral profunda en depresión como se esperaba y comprobar a quién le puede funcionar”


La estimulación cerebral profunda ha tenido muy buenos resultados en el tratamiento del Parkinson pero en depresión su uso ha estado un poco en entredicho porque hubo un ensayo clínico que no funcionó muy bien, y no se sabe por qué. Debería haber más investigación para saber por qué no ha funcionado como se esperaba y ver si hay pacientes en los que sí podría funcionar. Cuanto más sepamos más probabilidades hay de curar al paciente.

Este tratamiento está indicado sólo en personas con una depresión mayor crónica porque el balance riesgo-beneficio tiene que compensar. El riesgo de este tipo de intervención es muy alto porque es una técnica  muy invasiva, ya que consiste en implantar electrodos en áreas profundas del cerebro.


¿Por qué estudiaste neuropsicología?

La neuropsicóloga Raquel Viejo-Sobera
La neuropsicóloga Raquel Viejo-Sobera

La Dra. Raquel Viejo-Sobera es una apasionada del cerebro. Sin duda. Solo hay que verla explicando cómo funciona este complejo órgano. Se transforma. Decidió estudiar neuropsicología, porque hizo esta asignatura cuando estudió la carrera y le gustó mucho. Descubrió que era lo que quería conocer. Porque lo que más le atraía de la psicología era la parte biológica. Le interesa conocer a fondo qué partes del cerebro están relacionadas con unas funciones determinadas. Quería comprender cuál era la base fisiológica y buscaba respuestas. Pero confiesa que todavía no las ha encontrado. Porque hay mucha información sobre el cerebro pero como considera la Dra. Viejo-Sobera hay que darle un sentido. “Se hacen muchos estudios pequeños que muchas veces no están integrados en un marco teórico. Porque muy pocos están interesados en generar teorías e integrar los modelos de funcionamiento cerebral y la evidencia existentes”.

Lo que más le gusta del cerebro es su dinamismo. La capacidad de adaptación y de cambio a lo largo de la vida y también ver cómo esta transformación se relaciona con factores personales y sociales, para llegar a conocer qué factores están afectando al desarrollo cerebral. «Porque no es igual el cerebro de un niño que se está desarrollando en un situación de pobreza, que el de un niño desarrollado en un ambiente de opulencia, por ejemplo».

Le cautivan todas las partes del cerebro. No tiene preferencias. A esta neuropsicóloga lo que le maravilla es la activación dinámica del cerebro. Le interesa mucho cómo nuestro órgano pensante procesa el entorno y forma un modelo de realidad que tiene alrededor para ahorrar energía. “Porque nuestro cerebro siempre está generando una visión del mundo, a veces, una que se adapta bien a la situación pero que no nos permite ver algunos aspectos de la realidad, aún así, en conjunto es una máquina muy eficiente”.

Como bien explica Raquel, cada uno vivimos en nuestra propia realidad, que hemos construido a través de nuestras propias experiencias. Porque lo que está percibiendo Raquel ahora no es lo mismo que lo que estoy percibiendo yo en estos momentos mientras le hago la entrevista. En este sentido, lo que más le preocupa es que «muchas personas creen que todos vemos la realidad como la ven ellos. Y esto no es así”, declara taxativa. Es importante que lo tengamos claro. Opina que deberían enseñarnos más cómo funciona el cerebro para podernos entender mejor entre nosotros, porque si comprendieramos que los otros parten de un punto de vista diferente al nuestro y el por qué, quizá entendernos sería más fácil.

Raquel Viejo-Sobera es licenciada en Psicología y doctora en Neurociencias por la Universidad Complutense de Madrid y máster en Neuropsicología por la misma universidad. Actualmente desarrolla su labor docente (profesora del Máster Universitario en Neuropsicologia de la UOC) e investigadora en los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya y en el laboratorio Cognitive NeuroLab.

Sobre el autor

Editora de contenidos de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC

Comentarios

Deja un comentario