Placer, motivación y refuerzo

20/09/2019
¿Qué es el placer sensorial? En este artículo, el neurocientífico y profesor de neurociencia de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), el Dr. Diego Redolar, nos explica los mecanismos responsables del placer en el cerebro y el papel del refuerzo y la motivación.

 

Si recordamos la comedia futurista de Woody Allen El dormilón (1973), el protagonista encarnado por el propio Allen, Miles Monroe, queda congelado por un error iatrogénico al acudir al hospital para ser intervenido de una sencilla operación de extracción de las amígdalas. Nuestro protagonista despierta doscientos años después en un mundo que nada tiene que ver con él. En ese mundo Miles se da cuenta de que las féminas son incapaces de sentir placer por sí mismas y de que para poder llegar a un orgasmo necesitan que su pareja entre en una máquina llamada orgasmatrón. Woody Allen nos retrata una sociedad incapaz de sentir placer a través de los métodos tradicionales; este solo es posible mediante el uso de la ingeniería, a través de lo artificial. Otros artilugios similares han aparecido en numerosas ocasiones en el cine en películas como Barbarella (1968), Flash Gordon (1974), Demolition Man (1993), Coneheads (1993), Orgazmo (1997), etc. Por ejemplo, en Barbarella se muestra cómo puede utilizarse la manipulación de un determinado aparato para torturar a las personas mediante el placer, induciendo tal deleite y goce sexual en la víctima lo suficientemente fuerte e intenso para causar su muerte por orgasmo. En Demolition Man, Marco Brambilla nos describe una sociedad futura que huye de las antiguas costumbres. En ese contexto, llevar a cabo el acto sexual mediante los métodos tradicionales se considera anticuado y repulsivo. Para poder llegar a un orgasmo, una pareja tiene que estar conectada únicamente por un dispositivo electrónico, sin llegar a tocarse físicamente. En la cinta de Trey Parker, Orgazmo, el orgazmorator era un dispositivo construido en forma de una pistola de agua para generar múltiples y sucesivos orgasmos en el hombre.

¿Qué es el placer sensorial?

Estos y otros son ejemplos de lo que el placer, íntimamente ligado al sexo y a la tecnología, ha preocupado a la industria del cine. Nuestra sociedad vive inmersa en un continuo bombardeo de estímulos que buscan inducir el placer en las personas. Placer mediante la comida, el sexo e incluso el bienestar físico y la relajación del cuerpo.

Supongamos que vamos por un centro comercial y nos paramos ante una tienda de chocolates. La vendedora, amablemente, nos da a probar una cremosa fondue de chocolate. Notamos cómo se deshace en nuestra boca, sentimos su dulce y, a la vez, amargo sabor en nuestro paladar, su olor nos embriaga por completo y esa negra y espesa textura parece atraer por completo nuestra atención. Las propiedades organolépticas del chocolate son captadas por nuestros sentidos, de tal modo que nos produce placer mientras lo consumimos e incluso de manera anticipatoria. Al salir de la tienda de chocolates nos acercamos a un establecimiento de masajes y relajación corporal. Una vez allí, nos ubican en una sala con una iluminación muy tenue y una música de fondo que emula el sonido del mar. Nos tumbamos en una especie de camilla que empieza a vibrar según una programación establecida y nos produce una relajación muy deliciosa. Cada vibración estimula partes diferentes de nuestro cuerpo. Nuestro sistema somatosensorial recibe información que es interpretada en nuestro cerebro como algo realmente placentero, deleitoso e incluso sensual. Salimos de casa con la mera intención de pasear por una de las grandes superficies de las afueras de la ciudad y terminamos tomando contacto con estímulos que nos produjeron placer.

Ahora imaginemos que tenemos en nuestras manos un mando parecido al de la famosa consola de videojuegos Wii. Cada vez que apretamos el botón principal del mando, una oleada de inmenso placer recorre nuestro cuerpo. Es como si tuviéramos un orgasmo pero multiplicado con creces. ¿Qué es lo que sucedería? Seguramente nos encontraríamos con una problemática social a gran escala que llevaría a la determinación, por parte de las autoridades, de prohibir tajantemente el uso del voluptuoso mando. Con un artefacto de esa índole bajo su poder el ser humano podría dejar de lado otras conductas necesarias para su supervivencia y perpetuación de la especie. Nos engancharíamos inevitablemente a esa puerta directa a la máxima expresión de placer. 

¿Podría algún día ser real? Lo cierto es que estamos mucho más cerca de lo que se imagina el lector. En los años cincuenta, James Olds y su alumno Peter Milner se encontraban investigando los procesos de aprendizaje y memoria en las ratas. Estos investigadores partían de la hipótesis de que la estimulación eléctrica de ciertas regiones del cerebro podía llegar a facilitar la memoria de sus animales experimentales. Para comprobar esta hipótesis, implantaban electrodos en diferentes zonas del cerebro y las estimulaban eléctricamente después del aprendizaje de una determinada tarea. Resulta que en uno de los animales vieron que cada vez que recibía una corriente de estimulación eléctrica se quedaba muy quieto. Cuando no estaba presente la estimulación volvía a la parte concreta del habitáculo experimental donde antes la había recibido. Era como si la corriente eléctrica que recibía su cerebro le gustase y regresara a por más. Olds y Milner idearon un dispositivo para comprobar si la corriente le producía placer al animal. Dispusieron en el habitáculo experimental una pequeña palanca conectada eléctricamente al dispensador de corriente eléctrica del electrodo que llevaba implantado el animal, de tal modo que cada vez que la rata diera a la palanca se autoadministraría la corriente estimulante.

El procedimiento experimental se denominó autoestimulación eléctrica intracraneal (AEIC). Resulta que la rata parecía volverse loca con la palanca. La apretaba una y otra vez sin  importarle nada de lo que sucedía a su alrededor. Desafortunadamente se perdió el cerebro de este animal y no pudieron comprobar dónde se había localizado la punta del electrodo que generaba la corriente eléctrica, probablemente había quedado emplazada en el hipotálamo (una estructura localizada en la base del cerebro). Estos investigadores demostraron fortuitamente que la estimulación eléctrica del cerebro podía producir placer. En palabras del propio James Olds: «administré una corriente eléctrica siempre que el animal entraba en una esquina del recinto. El animal no permaneció lejos de la esquina, sino que regresó apresuradamente a ella después de una momentánea salida que siguió a la primera estimulación, y volvió a ella incluso más velozmente después de una salida todavía más breve que siguió a la segunda estimulación. Cuando se administró la tercera estimulación eléctrica, parecía, sin lugar a dudas, que el animal volvía a por más”.


La estimulación eléctrica de algunas zonas del cerebro puede resultar placentera para diferentes especies de animales y en el ser humano


La estimulación eléctrica de algunas zonas del cerebro puede resultar placentera para diferentes especies de animales, así como para el ser humano. En los años sesenta, un grupo de investigación de la Escuela de Medicina de Tulane University mostró que la estimulación eléctrica de diferentes áreas del cerebro humano tenía propiedades reforzantes. Este fenómeno ha sido muy útil para ayudar a entender los mecanismos cerebrales del refuerzo, es decir, aquellos que se activan con relación al placer que sentimos cuando tenemos un orgasmo, comemos un alimento que nos deleita el paladar o incluso recibimos un agradable masaje en el cuerpo. El descubrimiento de que las ratas podían aprender a estimularse eléctricamente algunas de las regiones cerebrales, realizado por J. Olds y P. M. Milner ya en 1954, se convirtió en el punto de partida de muchos estudios experimentales sobre la fisiología del sustrato nervioso de refuerzo, de los circuitos de nuestro cerebro sobre los que actúan los efectos reforzantes de las cosas que nos producen placer.

En definitiva, en los años cincuenta dos investigadores ya habían comprobado empíricamente lo que veinte años después fue un tópico tratado con prodigalidad en El dormilón de Woody Allen y en posteriores trabajos de otros directores de cine.

Refuerzo y placer

Llegados a este punto, ¿cómo podríamos definir qué es un refuerzo? En términos generales podríamos decir que un refuerzo es un objeto o una situación determinada que genera un acercamiento por parte de la persona, una conducta consumatoria (entendida esta en su sentido más amplio), que posibilita que se aprenda dicha conducta, que implica unos resultados y unas consecuencias positivas y que elicita emociones positivas y sentimientos hedónicos. Según esta definición de refuerzo, hemos de tener presente que no incluiríamos dentro de esta categoría solo estímulos de naturaleza sexual o alimentaria (refuerzos primarios), sino también otro tipo de estímulos, como el dinero, todo tipo de dispositivos electrónicos y digitales que van ligados a la sociedad en la que nos ha tocado vivir actualmente, atributos estéticos como una deleitosa poesía o una puesta de sol en el mar Mediterráneo, e incluso estados mentales como encontrar la solución a una determinada cuestión.


El grado de activación que muestra una persona en una región del cerebro indica cuánto valora un retraso a la hora de recibir un refuerzo


Si nos paramos a pensar, el dinero es un reforzador muy efectivo que adquiere su valor por las interacciones sociales y que lo utilizamos diariamente en diferentes ámbitos vinculados al aprendizaje emocional de las personas. Con relación al dinero y a otros reforzadores, se ha podido comprobar que, en general, las personas preferimos los refuerzos que se reciben de manera inmediata sobre aquellos que se reciben con demora. Por ejemplo, la mayoría de las personas prefieren recibir 100 euros hoy que 110 la semana que viene. No obstante, si a una persona le preguntamos si preferiría recibir 100 euros dentro de 50 semanas o 110 dentro de 51 semanas, seguramente que optará por la segunda opción. En ambos casos, hay una semana de diferencia pero la continuidad temporal es diferente. Estudios recientes muestran que cuando las personas tenemos que elegir entre dos cantidades de dinero que se recibirán en momentos diferentes, la elección que implica que obtengamos el dinero hoy activa dos regiones del cerebro: el estriado ventral y la corteza prefrontal. No obstante, todas las personas no nos comportamos de igual modo y no somos igual de tolerantes en lo que se refiere a esperar la llegada de un posible refuerzo. En esta línea, se ha podido comprobar que el grado de activación que muestra una persona en una región del cerebro (el estriado ventral) indica cuánto valora un retraso a la hora de recibir un refuerzo, como el dinero. De esta manera, las personas a las que no les gusta esperar para recibir el dinero muestran una menor activación en esta región con los refuerzos futuros.

Motivación

La relación que tiene una persona con un refuerzo puede variar a lo largo del tiempo. Imaginemos que una conocida marca de informática anuncia la puesta en el mercado de un dispositivo telefónico revolucionario que, por las características y especificaciones que parece tener, revolucionará la gestión de las comunicaciones, de los datos personales y la fotografía digital portable (por ejemplo, el esperado iPhone 11 Pro). Pasan los meses y el dispositivo no sale al mercado. El deseo de un adepto a la tecnología por el aparato aumenta cada día que pasa. Finalmente, la empresa decide sacar a la venta el aparato por un precio bastante alto. La persona compra el dispositivo. Semanas después de su adquisición, nuestro incondicional de la tecnología tiene su aparato en el escritorio de su estudio, donde casi no le presta atención. ¿Qué es lo que ha sucedido, si se trataba de un importante refuerzo para la persona? ¿Cómo ha disminuido el deseo de nuestro adepto a la tecnología por el aparato, cuando verdaderamente lo ha adquirido y lo ha tenido en su poder? Realmente, el tipo de relaciones que se dan en este caso son muy complejas e implican diferentes factores motivacionales e incentivos que configuran el acercamiento hacia un determinado tipo de estímulo en un momento dado de la vida de la persona. Recientes trabajos llevados a cabo con técnicas de neuroimagen parecen mostrar que existe una región en nuestro cerebro que podría explicar este cambio: la corteza prefrontal. 


El refuerzo y la motivación son dos procesos de gran importancia biológica, ya que fomentan el bienestar y procuran la supervivencia de los individuos


En definitiva, el refuerzo y la motivación son dos procesos de gran importancia biológica, ya que fomentan el bienestar y procuran la supervivencia de los individuos. En algunos casos, la conducta motivada forma parte de los procesos de homeostasis, actuando mediante sistemas de retroalimentación negativa para corregir desequilibrios internos. En otros casos, la conducta motivada no está controlada por la satisfacción de necesidades específicas, sino que se encuentra dirigida hacia estímulos externos que poseen propiedades intrínsecas incentivas. En este sentido, un refuerzo se convierte en un objetivo implícito o explícito que puede incrementar la frecuencia de la conducta, evocando respuestas de acercamiento. Además, los refuerzos son capaces de inducir sentimientos subjetivos de placer y contribuir a la generación de emociones positivas, de tal modo que incluso los estímulos que los preceden quedan marcados, ya sea a través de mecanismos innatos o a través del aprendizaje, con un valor motivacional positivo. Esto sugiere que el procesamiento de la información reforzante puede ayudar a establecer un sistema de valores y de referencia para la toma de decisiones. En nuestra vida diaria llevamos a cabo diferentes juicios de valor cuando decidimos si comeremos un bocadillo en lugar de una ensalada o si saldremos a pasear en bicicleta en lugar de ir al cine en un soleado día de primavera. Se trata de seleccionar un curso de una acción de un conjunto de posibles cursos, a partir de valores asociados y de refuerzos anticipados. Parece que estamos hablando de características que son inherentes a todos nosotros en tanto que cada uno mostramos diferentes preferencias, gustos sobre qué comer, qué hacer un día de primavera o qué comprar en las vacaciones navideñas. No obstante, las circunstancias pueden cambiar las preferencias de las personas, lo que puede llevar a la elección óptima desde un punto de vista objetivo o incluso a decisiones que no resultarían adecuadas. 

En un contexto social global vinculado a una crisis económica, por ejemplo, una persona puede ampliar los recursos que destinaría a comprar artículos de primera necesidad en detrimento de lo que gastaría en comprar artículos no tan necesarios. Entender cómo el cerebro incorpora los valores en la toma de decisiones se ha convertido en los últimos años en una de las áreas de interés de investigación de la neurociencia. En esta línea, se ha podido comprobar que una región del cerebro (la corteza prefrontal ventromedial) se activa en función de las preferencias subjetivas que muestran las personas cuando optan por un producto determinado en el momento de la compra. 


El grado del aprendizaje dependerá, entre otras cosas, de la discrepancia entre la ocurrencia del refuerzo y su predicción 


El cerebro puede utilizar la información reforzante para modular el aprendizaje y controlar aquellas conductas que están reguladas por el conocimiento de las relaciones de causa-efecto entre una acción determinada y la consecución de una meta. Los estímulos reforzantes pueden mantener conductas aprendidas y prevenir su extinción. El grado del aprendizaje dependerá, entre otras cosas, de la discrepancia entre la ocurrencia del refuerzo y la predicción de esta. Los individuos deben ser capaces de extraer la información reforzante de una gran variedad de estímulos y situaciones; información relativa a la presencia y al valor de los refuerzos para el sujeto, a su predictibilidad y accesibilidad, y a los costes asociados con su consecución (relación coste/beneficio).

De esta manera, se podría hablar de la detección y percepción de diferentes señales de refuerzo, de la expectación de los refuerzos que parecen ser inminentes, así como del uso de la información sobre los refuerzos predichos para el control de la conducta en curso. De este modo, las neuronas que detectan la aparición de un refuerzo procesan la información sobre su valor motivacional y su identidad. Esta información podría ayudar a crear representaciones neurales que permitan a los sujetos esperar refuerzos futuros acordes a la experiencia previa y adaptar su conducta a los cambios en las contingencias del propio refuerzo. La complejidad de las relaciones existentes entre los procesos de percepción, predicción y valoración de los estímulos con propiedades motivacionales parece requerir la existencia de múltiples estructuras cerebrales. Debido a ello, en los últimos años se ha generado un creciente interés por el estudio del procesamiento neuronal del refuerzo

 

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Sobre el autor

Profesor de neurociencia y psicobiología (bases biológicas del aprendizaje, la memoria, las emociones y el refuerzo) en los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC)

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