Dolor crónico: qué es y cómo afrontarlo

04/07/2019
¿Sabías que el dolor crónico afecta a 1 de cada 4 personas en Europa? y ¿que el estrés puede desencadenar el dolor? En este artículo, el psicólogo y profesor de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) Rubén Nieto nos habla sobre el dolor crónico y nos da estrategias para afrontarlo.

 

1 de cada 4 personas en Europa podrían padecer problemas de dolor crónico, según informes recientes. Y afecta tanto a los más jóvenes, como a los adultos y, en mayor medida, a la gente mayor. Son múltiples los problemas de salud que van acompañados por dolor. Un ejemplo claro es el dolor asociado al cáncer. Pero el dolor también puede aparecer sin ser causa de un problema de salud específico. Esto sucede, por ejemplo, en personas que padecen dolor lumbar de formar crónica o recurrente, sin una enfermedad concreta.  En este artículo nos vamos a referir a este tipo de dolor, el dolor crónico en el que no existe una enfermedad concreta. 

Tipos de dolores
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El dolor agudo tiene un valor adaptativo, es decir, es útil. Esto es porque puede estar indicando que algo no funciona correctamente y necesita atención; que existe un peligro o que debemos descansar para recuperarnos.  Por ejemplo, cuando tocamos un fogón que quema y nos duele, el dolor nos está enseñando que ese elemento es peligroso y no debemos tocarlo. 

En todos estos casos, el dolor es agudo (limitado en el tiempo) y tiene un valor adaptativo que persigue que se mantenga nuestro bienestar. Sin embargo, el dolor crónico (en el que no existe una enfermedad) no tiene ninguna función, porque se repite a lo largo del tiempo y no indica que nada grave esté ocurriendo, ni tampoco que debamos descansar ni que estemos en una situación peligrosa. Y bajo esta situación, el dolor se convierte en un problema que en muchas ocasiones afecta al día a día de las personas que lo padecen. Así, las personas con dolor crónico pueden experimentar sentimientos como tristeza, ansiedad e ira. Pueden también ver limitadas sus actividades habituales, tales como el trabajo, actividades de ocio, etc. 


Las personas con dolor crónico pueden experimentar sentimientos como tristeza, ansiedad e ira

¿Es mi dolor real? 

La respuesta a esta pregunta es sencilla y no admite duda alguna: sí. 

El dolor es un fenómeno biopsicosocial, lo que implica que factores de diferente naturaleza confluyen e interactúan entre sí para acabar produciendo el dolor. El dolor resulta de las reacciones y mecanismos fisiológicos (componente biológico), de cómo pensamos y nos sentimos (componente psicológico), y de las interacciones con las personas de nuestro entorno (componente social). 

Un mismo problema de dolor puede un día iniciarse por un desencadenante de un nivel u otro. 

¿El estrés puede desencadenar dolor? 

El estrés es uno de los factores psicosociales que más frecuentemente desencadenan dolor. Es una sensación normal que todo el mundo experimenta con mayor o menor frecuencia, en mayor o menor grado, como reacción a los retos que se presentan en la vida diaria. Los retos que generan estrés son aquellos que consideramos muy difícil de superar y/o consideramos que no tenemos suficientes recursos para hacerles frente.

El estrés puede activar el dolor a través de diferentes mecanismos a diferentes niveles. Por ejemplo, a nivel físico puede provocar tensión muscular que puede provocar dolor. A nivel psicológico puede conducir a tener pensamientos negativos que tal como veremos se relacionan con un peor ajuste y afrontamiento del dolor. A nivel emocional nos puede provocar malestar (ansiedad, por ejemplo), que también se relacionará con un peor ajuste al dolor. 


El estrés puede activar el dolor a través de diferentes mecanismos a diferentes niveles


Es importante señalar la retroalimentación que se produce a consecuencia del estrés. Cuando estamos estresados y nos sentimos tensos, empezamos a pensar negativamente y sentirnos mal a nivel emocional, todo ello incrementará el nivel de estrés, haciéndonos más difícil superar el reto que originalmente nos producía estrés. 

¿Cómo pienso puede afectar a mi dolor y cómo me siento? 

Pensar positivamente y seguir con nuestras vidas pese a tener dolor hará que nos sintamos mejor. A su vez, sentirnos mejor nos hará pensar más positivamente y estar animados para realizar actividades. Por el contrario, los pensamientos negativos, que aparecen en muchas ocasiones de forma automática, pueden acabar desencadenando el dolor. Esto es porque nos pueden hacer sentir mal a nivel emocional (tristes, con ansiedad, con niveles elevados de estrés) y tensos a nivel físico; estas sensaciones negativas enviaran señales a nuestro cerebro que pueden hacer que se dispare el dolor.  

Un tipo de pensamientos negativos que experimentan frecuentemente las personas que tienen dolor son los pensamientos catastróficos. Estos consisten en pensar que el dolor es algo terrible, que no se puede hacer nada para mitigarlo y pensar constantemente en el dolor. Se ha mostrado que este tipo de pensamientos (al igual que comentábamos con los negativos en general) se asocian con un mayor impacto del dolor. 

Es importante conocer este tipo de pensamientos y emprender acciones encaminadas a identificarlos, desafiarlos y combatirlos. También, debemos remarcar que los pensamientos negativos se suelen encadenar formando una espiral que nos lleva a sentirnos peor. Es decir, un pensamiento negativo lleva a otro pensamiento negativo, que a su vez activa otro y ese otro a otro y así formando una cadena. 

¿Es seguro mantener una vida activa si tengo dolor?

En términos generales, podemos decir que lo más adecuado es mantener nuestras actividades de la vida diaria, ajustándolas a nuestras posibilidades, condición física y recomendaciones por parte de los profesionales sanitarios. Por lo tanto, salvo que exista una indicación médica contraria, es conveniente hacer ejercicio y mantener una vida activa.  No obstante, insistimos en que se consulte con los profesionales sanitarios con los que se está en contacto habitualmente el nivel de ejercicio y actividad que sería seguro. 

Si cuando tenemos dolor dejamos de hacer actividades y ejercicio, a medio-largo plazo puede ser contraproducente dado que nuestra musculatura se irá debilitando progresivamente y cuando queramos volver a hacer las actividades que antes hacíamos cada vez nos resultará más complicado. 

En este punto debemos hablar de otro enemigo, igual que lo eran los pensamientos negativos, que es el miedo. Muchas veces el miedo que tenemos a que una actividad o ejercicio nos provoque más dolor nos lleva a evitar dicha actividad.  A largo plazo, puede provocar que cuando queramos volver a realizar la actividad nos resulte más complicado. Vamos a verlo con un ejemplo para que resulte más fácil de entender. 

Por último, señalar que los pensamientos negativos, en especial el catastrofismo, pueden actuar de predecesores del miedo. Si uno piensa que el dolor es terrible, por ejemplo, es más probable que tenga miedo a hacer actividades por la posibilidad de que aparezca el dolor «terrible». 

¿El dolor es lo más importante en mi vida?

Este es un punto clave, el dolor es algo importante, pero no tiene que controlar nuestra vida ni ser el centro de ella. Cada uno de nosotros tiene sus valores y objetivos vitales, es importante que los mantengamos y luchemos en la dirección oportuna para conseguirlos pese a que tengamos dolor. 

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Te proponemos un ejercicio para tomar consciencia de que papel juega el dolor en tu vida diaria. Imagina que tu mejor amigo se ha ido a vivir lejos, a un sitio en el que únicamente puedes contactar con él a través del correo electrónico. En su última comunicación, te había preguntado con relación a tu dolor. Y ahora te dispones a contestarle explicándole cómo te sientes. Intenta escribir el correo electrónico para tu amigo/a explicándole cómo es tu dolor (cuándo te duele, cuánto, en qué partes, desde cuándo, etc…), cómo te hace sentir (a nivel emocional y a nivel físico), qué piensas cuando tienes dolor y para que té interfiere. 

Una vez hayas acabado de escribir el correo electrónico, tomate un tiempo para leerlo y reflexionar en torno a las siguientes preguntas: ¿Podría sentirme diferente pese a que tenga dolor? ¿De qué manera podría hacer las cosas que me gustan pese a que tenga dolor? ¿Qué podría hacer para conseguirlo? ¿Valdría la pena hacer el esfuerzo de afrontar el dolor? 

Si quieres, una vez que reflexiones sobre estas preguntas puedes re-escribir el correo electrónico a tu amigo/a explicándole las conclusiones sobre estas preguntas y explicándole como te gustaría que fuese tu vida pese a que tengas dolor. Guarda los dos escritos, y ves valorando a lo largo del tiempo como vas evolucionando. 

¿Cómo quiero vivir?

Decíamos que nosotros no somos el dolor, este es una parte de nosotros pero no el todo. Y debemos aprender a vivir con esta parte (el dolor) en acuerdo con nuestros valores y objetivos vitales. 

Por valores entendemos las maneras de vivir, a cómo nos gusta vivir y ser. Se pueden identificar con preguntas del tipo: ¿Cómo me gustaría que fuese mi vida? ¿Qué es lo más importante para mí? Estos valores se pueden agrupar en diferentes dominios (personal, laboral, en relación con la familia, etc.). Por poner algunos ejemplos de valores a nivel familiar podrían ser «ser buen padre/madre» «querer siempre a mis familiares, en cualquier circunstancia». A nivel laboral, «ser creativo» «siempre dar lo mejor de mí».  Podríamos seguir pero lo importante es tener en cuenta que los valores son directrices para nuestra vida, nos marcan hacia donde nos queremos dirigir. Y en relación con ellos, están los objetivos que son metas concretas a las que queremos llegar y están alineadas con los valores, son medibles, concretos y tienen un principio y final claro. Los valores son más abstractos, generales y siempre nos guiarán en nuestro camino. 

Cómo venimos insistiendo, debemos pensar sobre cómo queremos vivir independientemente del dolor. No es adecuado fijar como valor «vivir sin dolor», esto es una cosa que no depende enteramente de nosotros; y por lo tanto, no nos va a ser de ayuda para dirigir todas nuestras acciones. No te preocupes, más adelante volveremos para trabajar en cómo podemos identificar nuestros valores y trabajar este tema.

 

Nota:

Extracto del libro “Tengo dolor ¿cómo puedo seguir con mi vida?” de Rubén Nieto Luna. Editorial UOC.

Sobre el autor

Rubén Nieto
  • Profesor de Ciencias de la Salud de la UOC (Psicología) e investigador del grupo PSINET

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