Las enfermedades neurodegenerativas en el siglo XXI

29/09/2021
Foto: Vlad Sargu en Unsplash.

Más allá del deterioro cognitivo que las caracteriza, las enfermedades neurodegenerativas implican una serie de alteraciones a distinto nivel (motoras, sensoriales, funcionales) que no sólo determinan la evolución de estos pacientes sino que tienen un importante impacto tanto en su calidad de vida como en la de sus cuidadores. Esto plantea distintos retos que deben abordarse desde una perspectiva amplia y multidisciplinar.

Con el objetivo de conocer y compartir  la experiencia de los distintos especialistas implicados en el manejo de enfermedades neurológicas y aportar una visión completa y actualizada de las pautas de cuidados, los tratamientos y las últimas evidencias que se tienen sobre las demencias en general y la enfermedad de Alzheimer en particular, desde el área de Neuropsicología y Neurociencias de los Estudios de Ciencias de la Salud de la UOC organizamos una serie de seminarios web bajo el título “Las enfermedades neurodegenerativas en el siglo XXI”, en colaboración con el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau. A continuación hacemos un repaso de las ponencias de la primera sesión de la jornada, dedicada al abordaje de las enfermedades neurodegenerativas en el siglo XXI.

Factores emocionales, rendimiento cognitivo y demencias

En la primera sesión de la jornada, la Dra. Ana Isabel Llorente, neuropsicóloga y profesora colaboradora del Máster Universitario de Neuropsicología de la UOC, habló de la influencia de los factores emocionales en el rendimiento cognitivo en las enfermedades neurodegenerativas. Explicó que actualmente la disfunción cognitiva es uno de los parámetros básicos en la detección de la demencia como síndrome, y que para determinarla se tienen en cuenta otros aspectos que podrían considerarse preclínicos o prodrómicos. “Los síntomas psicológicos y conductuales de la demencia (SPCD) son muy heterogéneos e incluyen distintos aspectos: alteraciones emocionales y de disregulación afectiva y emocional (euforia, depresión, apatía ansiedad, irritabilidad); decremento de la desmotivación/iniciación; alteraciones sensoperceptivas y del contenido del pensamiento (alucinaciones visuales o auditivas, delirios de persecución, de robo, etc.); descontrol de impulsos y agitación; conductas sociales inadecuadas; alteraciones motoras (caminar, deambular, movimientos repetitivos, agresión física), verbales (gritar, agresión verbal) y de las funciones reguladoras (apetito, sueño)”, relató.

Las SPCD son, pues, alteraciones muy prevalentes que suponen una dimensión más en el diagnóstico y tratamiento de las demencias, junto con el parámetro de cognición y funcionalidad. “En la mayoría de los casos, los SPCD aparecen como una interacción compleja de factores biológicos, psicológicos, sociales y ambientales, por lo que requieren un abordaje inter y multidisciplinar”, aseguró Llorente.

Al final de su ponencia, la Dra. Llorente hizo hincapié en la importancia de reportar, capturar y monitorizar los SPCD, ya que su identificación es clave en todas las fases (preclínicas o prodrómicas, clínicas, leves y moderadas o avanzadas) de la demencia. “Se trata de aspectos que forman parte del proceso diagnóstico, así como del tratamiento y evolución de las demencias, proporcionando un soporte a las hipótesis diagnósticas, permitiendo validar o invalidar los criterios diagnósticos”, concluyó.

Tratamiento: el papel de las técnicas de estimulación cerebral no invasivas

Por su parte, la Dra. Elena Muñoz Marrón,  neuropsicóloga y directora del máster universitario de Neuropsicología de la UOC, habló del uso de las técnicas de estimulación cerebral no invasiva en el tratamiento de las enfermedades neurodegenerativas, centrándose en la estimulación magnética transcraneal (TMS) y la estimulación transcraneal por corriente directa (tDCS).

Muñoz explicó diversos estudios muestran que con la aplicación de estas tecnologías se obtiene una mejora motora, cognitiva y funcional en los pacientes. “Se aprecian cambios en la actividad cerebral que están correlacionados con estas mejoras a nivel motor, cognitivo y funcional. Quedan por definir los parámetros específicos de estimulación en ambas técnicas, para lo que es necesario llevar a cabo más estudios controlados, con muestras más amplias y seguimientos más prolongados, pero se trata de opciones que deben tenerse en cuenta en el abordaje de estos pacientes”, explicó la profesora.

La Dra. Muñoz concluyó su ponencia destacando que estas técnicas de estimulación cerebral no invasivas siempre deben contemplarse como un tratamiento coadyuvante a aquellas intervenciones (farmacológica, neuropsicológica, logopédica, de terapia ocupacional, psicoterapia…) que han demostrado ser eficaces en estos casos.

El nexo bilingüismo-reserva cognitiva

Durante la última sesión de la jornada, el Dr. Marco Calabria, profesor del máster universitario de Neuropsicología de la UOC, centró su ponencia en la relación que hay entre el bilingüismo y las enfermedades neurodegenerativas. “Se sabe que el número de personas que se pueden definir como bilingües o multilingües (que hablan dos o más lenguas) están aumentando. De hecho, actualmente más de la mitad de los europeos hablan una segunda lengua. Si se relaciona esto con el envejecimiento creciente de la población se puede deducir que en el futuro habrá más personas con enfermedades neurodegenerativas que a su vez serán bilingües. A esto hay que unir que en los últimos años se ha demostrado que el bilingüismo podría ser un factor que incide en la reserva cognitiva”, explicó el profesor.

Esta evidencia ha sido el punto de partida de varias investigaciones enfocadas a determinar este nexo. Según Calabria, una de las principales hipótesis en este sentido es que si, como apuntan algunas investigaciones, el control ejecutivo es más eficiente en los bilingües, esto podría suponer un mecanismo que va a compensar los déficits cognitivos asociados a la enfermedad neurodegenerativa. “La cuestión es precisar qué grado de bilingüismo resulta determinante respecto a la reserva cognitiva. En las investigaciones que hemos llevado a cabo en esta línea se demostró que los bilingües activos (los que hablan dos idiomas con frecuencia, alternándolos) llegaban más tarde a un diagnóstico de deterioro cognitivo leve y a la manifestación de los síntomas de la enfermedad de Alzheimer, de lo que se deduce que hablar activamente dos o más lenguas es la faceta del bilingüismo que reporta más beneficios desde el punto de vista de la reserva cognitiva”, relató.

Estas evidencias ponen de manifiesto el impacto del bilingüismo a nivel tanto de las evaluaciones de los déficits cognitivos como posible factor de retraso diagnóstico. “Desde el punto de vista de la investigación, supone un paradigma para estudiar los mecanismos implicados en la reserva cognitiva, y también abre un nuevo paradigma de intervención y de estimulación, ya que una de las líneas actualmente en marcha busca dar respuesta a una de las preguntas abiertas en este contexto: si el hecho de usar varias lenguas durante toda la vida es efectivamente un factor de reserva cognitiva, ¿por qué no utilizar como entrenamiento una segunda lengua para así poder estimular las funciones cognitivas afectadas al principio de la enfermedad?”, concluyó el profesor.

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Autor / Autora
Redactora colaboradora experta en temas de Salud
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