Patricia Casas: “Para disfrutar plenamente de los beneficios del ejercicio físico hay que mantener la microbiota oral en buen estado”

17/02/2021 Patricia Casas-Agustench

La relación entre los beneficios cardiosaludables del deporte, la ingesta de ciertos nutrientes y productos y el estado de la microbiota oral ha sido el objetivo de un reciente estudio de revisión que ha puesto en primera línea la importancia de mantener en buen estado al que se considera el segundo microbioma más complejo del cuerpo. De los hallazgos arrojados por este estudio –del que es coautora- y también de algunas de las evidencias más recientes sobre el nexo dieta-salud hablamos con la experta en Nutrición Humana y Dietética y Tecnología de los Alimentos Patricia Casas-Agustench, profesora de Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya de la UOC e investigadora asociada a la Universidad de Plymouth.

 Para “no iniciados”, ¿qué es la microbiota oral? 

La microbiota, flora o microbioma oral es el conjunto de microorganismos que forman parte de la cavidad oral. Los más conocidos son las bacterias, pero en esta zona también residen otro tipo de microorganismos, como los virus y levaduras, que pueden jugar un papel clave en nuestra salud.

La cavidad oral es la puerta de entrada a muchos de estos microorganismos y, de hecho, se trata del segundo microbioma más complejo del cuerpo después del intestino (que forma la microbiota intestinal). Esta cavidad no es un entorno homogéneo para la microbiota que reside en ella, ya que ofrece hábitats distintos (placa subgingival y supragingival, encía queratinizada, paladar, mucosa bucal, garganta, amígdalas, lengua, saliva), y cada hábitat, a su vez, proporciona un conjunto específico de condiciones ambientales y nutrientes, lo que da como resultado un conjunto muy diverso de especies dentro de cada tipo de tejido.

¿Cuáles son sus diferencias y semejanzas respecto a la microbiota intestinal?

Ambos microbiomas parecen estar relacionados y se ha sugerido que alrededor del 45% de las bacterias del intestino provienen de la boca. Esto puede estar asociado a su vez con la ingesta de saliva: se estima que, en personas sanas, la cantidad de saliva que se ingiere al día es de alrededor de 0,75-1,01 litros, y esta saliva ingerida contiene una gran cantidad de bacterias orales que se destruyen en el ambiente ácido del estómago. Sin embargo, las bacterias que toleran el pH ácido estomacal pueden alcanzar el tracto intestinal y proliferar dentro de él.

¿Qué signos pueden hacer sospechar de una microbiota oral alterada?

El principal es la aparición de enfermedades bucales. Se trata de síntomas simples como sangrado frecuente en las encías, dolor al masticar o presencia muy frecuente de aftas bucales. Todo esto puede ser indicativo de la microbiota está alterada y de que hay un desequilibrio a favor de una mayor abundancia de bacterias “malas” y una menor presencia de bacterias “buenas”.

El hecho de presentar una microbiota oral alterada se asocia a un mayor riesgo de presentar caries dentales y enfermedades periodontales. A su vez, las enfermedades periodontales se han relacionado también con las enfermedades cardiovasculares, la diabetes o la aparición de efectos adversos durante el embarazo.

La revisión sugiere que las bebidas azucaradas, los colutorios antibacterianos y el consumo excesivo de carbohidratos pueden aumentar el riesgo de enfermedades dentales que están asociadas a cambios negativos en la microbiota oral.

¿Cuáles son los principales factores que afectan al correcto estado de esta microbiota?

Básicamente, la dieta y los hábitos tabáquicos y de higiene bucal. En relación a la dieta, se recomienda seguir un tipo de alimentación con alimentos ricos en fibra, como frutas y verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos; etc.; consumir frecuentemente vegetales de hoja verde; y estimular la masticación, ya que ayuda a salivar, y la saliva es esencial para regular el pH bucal y la composición y la actividad de las bacterias de la boca.

También es muy importante beber agua con regularidad, pues la deshidratación o sequedad bucal pueden afectar la diversidad y la abundancia de la microbiota oral. Asimismo, hay que disminuir el consumo de azúcar, presente en muchos alimentos procesados, y de las bebidas ácidas. Otro hábito clave es no fumar: la exposición al humo del tabaco altera el microbioma de la saliva. Finalmente, hay que evitar utilizar productos dentales (colutorios, pasta de dientes, etc.) con acción antibacteriana sin prescripción médica.

Tras la pista de los nitratos

La relación entre el deporte y la microbiota oral en la que se centra el estudio es un área bastante novedosa. ¿Cómo surgió la puesta en marcha de esta investigación?

A diferencia de la microbiota intestinal, la relación entre el ejercicio y el microbioma oral no se ha investigado en profundidad. Con el objetivo de abordar esta brecha de conocimiento, el grupo de investigación de la Universidad de Plymouth llevó a cabo estudios previos centrados en el análisis de los efectos del ejercicio sobre la actividad de las bacterias reductoras de nitratos de la boca, con respecto al rendimiento físico y la salud cardiovascular.

En nuestro estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Plymouth (Reino Unido), con la participación de la UOC, se hizo una revisión de la evidencia científica disponible sobre el impacto del ejercicio físico en la cavidad oral publicada en la revista PharmaNutrition.

La revisión sugiere que las bebidas azucaradas, los colutorios antibacterianos y el consumo excesivo de carbohidratos pueden aumentar el riesgo de enfermedades dentales (caries, gingivitis, etc.) que están asociadas a cambios negativos en la microbiota oral. Esto es lo que sugieren los resultados de estudios recientes que observaron una gran incidencia de problemas dentales en deportistas de alto rendimiento. Uno de los factores desencadenantes podría ser el alto consumo de azúcares simples, aunque nuevos estudios son necesarios para confirmar esta hipótesis, así como, para analizar en más detalle la microbiota de deportistas de alto rendimiento.

¿Qué papel juega el nitrato en todo este proceso?

El nitrato es una molécula que consumimos en los alimentos pero que también producimos a nivel corporal cuando estimulamos la producción de ácido nítrico, por ejemplo, al realizar actividad física e incluso cuando tomamos el sol (la piel produce pequeñas cantidades de óxido nítrico que se degrada en nitrato).

Todo esto tiene que ver con la degradación del óxido nítrico en un compuesto llamado nitrato, que durante años se pensó que no tenía ninguna función en el organismo. Sin embargo, estudios realizados en la última década han demostrado que el nitrato puede ser absorbido en las glándulas salivares y excretado en la boca. Algunas especies de bacterias bucales pueden usar nitrato y convertirlo en nitrito, una molécula muy importante ya que puede mejorar la producción de óxido nítrico en el cuerpo. Cuando el nitrito formado por las bacterias orales es ingerido, parte de esa molécula se absorbe rápidamente, y al pasar a la circulación sanguínea se reduce a óxido nítrico, lo que ayuda a mantener los vasos sanguíneos dilatados y a reducir la tensión arterial después de la práctica de ejercicio físico.

En un estudio de intervención, realizado por un equipo internacional de científicos y liderado por el Dr. Raul Bescós, investigador de la Universidad de Plymouth, demostraron que al inhibir las bacterias orales se bloqueaba la capacidad del nitrato para convertirse en nitrito, y que eso también inhibía la respuesta hipotensora al ejercicio físico. Se trata, por tanto, de una especie de relación simbiótica con las bacterias que habitan en nuestro cuerpo, en este caso, en la boca: nosotros las alimentamos proporcionándoles nitrato y ellas generan nitrito, que es una molécula que nos ayuda a mantener nuestra salud cardiovascular. En resumen, si la boca está sana, las bacterias nos ayudan a reducir los nitratos en nitritos. De lo contrario, perdemos buena parte de los beneficios del ejercicio.

¿Cuáles son las principales fuentes alimenticias de nitratos?  

Los vegetales de hoja verde (espinacas, acelgas, lechuga, etc.) así como la remolacha son la principal fuente de esta molécula. El agua también aporta nitrato, pero su contenido está legislado y el agua potable no debe contener más de 50 mg/l de nitrato (el consumo de ambas moléculas se ha relacionado con un mayor riesgo de cáncer debido a la formación de nitrosaminas). El nitrato y el nitrito también se encuentran en productos cárnicos en forma de aditivo alimentario (evitan la proliferación bacteriana); y aunque las cantidades son bastante bajas, debería moderarse su consumo, ya que los cárnicos no aportan antioxidantes, lo que puede favorecer la formación de nitrosaminas. Por el contrario, los vegetales sí son ricos en antioxidantes, que tienen un efecto protector contra la formación de nitrosaminas.

Bebidas azucaradas y energéticas: en el punto de mira

En el estudio se apunta al efecto negativo de las bebidas azucaradas deportivas. ¿De qué forma su ingesta afecta a la microbiota oral?

microbiota oral y bebidas energéticas
Foto: Munbaik Cycling Clothing en Unsplash

Los deportistas consumen muchas bebidas azucaradas y ácidas, además de otros productos con una elevada cantidad de azúcar, como las barritas energéticas y los geles, que podrían afectar a la salud bucal y a la abundancia de bacterias, alterando así esta microbiota.

Este efecto negativo, ¿se extiende también a las bebidas energéticas, cuyo consumo es elevado tanto entre los deportistas como entre la población en general para “rendir más”? 

Efectivamente, las bebidas energéticas contienen bastante azúcar y son, en general, bastante ácidas; por lo tanto, su consumo continuado y excesivo podría alterar la microbiota oral. En este sentido, en un estudio realizado en Reino Unido se observó que algunas de las bebidas energéticas más consumidas en ese país tenía valores de pH por debajo del valor crítico (5,5) asociado a la erosión dental. Estas bebidas también contenían cantidades excesivas de azúcares, que iban de 25 g a 70 g. Esta combinación de cantidades considerables de azúcar y pH ácido puede afectar a la composición de las bacterias que habitan en la boca. A esto hay que unir que las bebidas energéticas contienen otros ingredientes, como la cafeína y varios ácidos, que también están relacionados con la salud, tanto la general (favorecen la obesidad) como la bucal (contribuyen a la erosión dental). 

Carbohidratos “buenos”, carbohidratos “malos”

El estudio vincula la ingesta excesiva de hidratos de carbono con la alteración de la microbiota oral. ¿Cuál sería la pauta para consumirlos y de cuáles habría que prescindir o limitar?

Los alimentos más sanos y que deberían ser el pilar de nuestra alimentación son los frescos, poco o nada procesados y principalmente de origen vegetal. Una de las propuestas más saludables en este sentido es la dieta mediterránea tradicional, basada en el consumo mayoritario de frutas frescas y hortalizas de temporada; legumbres, frutos secos, cereales integrales (arroz, pasta, pan…) y tubérculos como la patata; el aceite de oliva virgen y, en menor cantidad y frecuencia, lácteos (leche, yogur natural, etc.), pescados y huevos, seguidos de carnes (preferentemente blancas y magras). Todos estos alimentos frescos, además, no tienen azúcares añadidos.

Teniendo en cuenta que los hidratos de carbono de una dieta saludable provienen principalmente de los alimentos mencionados, en general se podría prescindir de otras fuentes de hidratos de carbono distintas a éstas, y que normalmente son alimentos procesados o altamente procesados, a cuya formulación se les suele añadir uno o más de los siguientes nutrientes: azúcares, sal, aceites y/o grasas, almidones, etc.; u otros ingredientes derivados de procesos industriales, como la hidrogenación de las grasas o la hidrólisis de proteínas. 

¿Crees que el etiquetado de los alimentos es lo suficientemente claro como para saber, por ejemplo, la cantidad de hidratos o detectar los azúcares ocultos?

El etiquetado de un alimento o bebida informa, entre otros datos, de la cantidad de hidratos de carbono total y de los azúcares totales que contiene. Sin embargo, por el momento, el etiquetado todavía no diferencia entre cantidad de azúcares totales añadidos de los azúcares que contiene de manera natural ese alimento. Por ejemplo, en el caso del yogur, el etiquetado nos informa de la cantidad de hidratos de carbono que tiene y menciona, además, la fórmula “de los cuales azúcares”. El yogur contiene azúcar de manera natural en forma de lactosa. Para saber si contiene azúcares añadidos hay que mirar la lista de ingredientes. Si es un “yogur natural”, en esa lista no aparecerá el azúcar; mientras que si se trata de un “yogur natural azucarado”, el azúcar aparecerá como segundo ingrediente. Sin embargo, y siguiendo con este ejemplo, la información de los ingredientes y la información nutricional del “yogur natural azucarado” no nos permite saber cuánto azúcar es propio del yogur y qué cantidad es azúcar añadido para endulzar.

Finalmente, el estudio también advierte respecto a los colutorios de acción antibacteriana

Se ha visto que los colutorios de acción antibacteriana, como los que contienen clorhexidina, cuando se utilizan sin prescripción médica, afectan negativamente a la composición y el equilibrio de la microbiota oral. La razón es que inhiben ciertas bacterias de la boca, que ayudan a reducir la tensión arterial. Por tanto, el uso de estos colutorios puede conllevar un aumento de la tensión arterial que debe tenerse en cuenta sobre todo en personas con la tensión arterial elevada (hipertensión).

Autor / Autora
Redactora colaboradora experta en temas de Salud
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